Baja autoestima: mirarte desde medias verdades y juicio

Recupera tu verdad, recupera tu autoestima

Os comparto el presente artículo, desde mi reflexión.

Para mi es un privilegio poder acoger a las personas en ¡¡toda su belleza, vivos, en vulnerabilidad y al mismo tiempo llenos de vida, en posibilidad!!, gracias a todos quienes me pudieron mostrar su corazón, su verdad.

Quizá llevas mucho tiempo pensando que el problema es que tienes poca autoestima; si así, te invito a reflexionar conmigo por medio del siguiente texto:

Hablar de autoestima me lleva a la siguiente pregunta:

¿Quizá, tal vez no es que no puedas ver tu valor?

Quizá llevas mucho tiempo mirándote a través de una mirada que solo te muestra una parte de ti.

Es decir; estas muy atenta a esa parte de ti que..

  • Una parte que se equivoca.
  • Que tiene miedo.
  • Que necesita.
  • Que no llega.
  • Que se compara.
  • Que no sabe qué hacer.
  • Que no consigue hacerlo todo como quisiera.

Y poco a poco, esa parte empieza a parecerte la totalidad de quién eres; y entonces empiezas a decirte:

  • “Soy insegura.”
  • “No soy suficiente.”
  • “No valgo para esto.”
  • “Soy demasiado sensible.”
  • “No tengo fuerza de voluntad.”
  • “Los demás lo hacen mejor.”
  • “No debería necesitar tanto.”
  • “Debería poder con todo.”

Y que te repites muchas veces:

1.      Que deberías confiar más en ti.

2.      Quererte más.

3.      Ser más segura.

4.      Dejar de compararte.

5.      Dejar de exigirte tanto.

Si esto se da, mi pregunta para ti es:

¿Y si llevaras demasiado tiempo mirándote desde una versión incompleta de ti?

Una versión construida a partir de lo que aprendiste que debías ser, de los errores que cometiste, de las veces que te comparaste, de los juicios que escuchaste y de aquellas partes de ti que aprendiste a esconder porque parecían no encajar con lo que esperaban de ti

A veces no vivimos desde nuestra verdad.

Vivimos desde medias verdades que hemos convertido en certezas

Estas afirmaciones, que te dices se van convirtiendo en creencias que se van instaurando en tu manera de pensar, se van convirtiendo en automáticos como “verdades” que surgen en tu mente sin que te des cuenta.

Indagando en ellas, lo más probable es que quizá contengan solo una parte de la verdad.

Una media verdad.

1.         Porque puedes haber cometido un error y seguir siendo una persona capaz.

2.         Puedes sentir miedo y seguir teniendo valentía.

3.         Puedes necesitar ayuda y seguir siendo autónoma.

4.         Puedes estar atravesando una dificultad y seguir teniendo recursos.

5.         Puedes ser vulnerable y, al mismo tiempo, profundamente fuerte.

6.         Puedes no saber qué hacer y seguir teniendo valor.

La baja autoestima puede aparecer precisamente cuando una parte de nuestra experiencia se convierte en un juicio sobre la totalidad de quienes somos.

Y cuando ese juicio se repite durante mucho tiempo, podemos terminar viviendo de acuerdo con él.

Este es el camino que quiero explorar contigo.

No para enseñarte a pensar que eres maravillosa todo el tiempo.

Sino para ayudarte a recuperar una mirada más completa, más auténtica y compasiva sobre ti.

¿Qué son las “medias verdades” con las que podemos construir una baja autoestima?

Una media verdad no es necesariamente una mentira; es algo que puede contener una parte de realidad, pero que se queda incompleto.

Por ejemplo:

“Me he equivocado.” Puede ser verdad.

Pero cuando se transforma en:

“Soy un fracaso.” hemos pasado de describir algo que ocurrió a definir quiénes somos.

O:

“Tengo miedo.”

puede ser completamente cierto.

Pero:

“Soy una persona insegura.”

ya es una conclusión mucho más amplia.

O:

“Necesito ayuda.”

puede expresar una necesidad legítima.

Pero:

“No soy capaz por mí misma.”

convierte una necesidad puntual en una identidad.

La media verdad aparece cuando confundimos lo que nos está ocurriendo con lo que somos.

Y ahí puede comenzar el juicio.

Algunas medias verdades frecuentes

         1.         “Soy demasiado sensible.”

         2.         “Soy torpe.”

         3.         “No soy suficientemente buena.”

         4.         “Siempre lo hago mal.”

         5.         “No tengo disciplina.”

         6.         “Soy débil.”

         7.         “No sé relacionarme.”

         8.         “No tengo suficiente talento.”

         9.         “No puedo hacerlo.”

       10.       “Los demás son mejores que yo.”

Quizá alguna de estas frases nació de una experiencia real. Pero una experiencia no tiene por qué convertirse en una identidad.

Una pregunta para ti

¿Qué juicio sobre ti has repetido tantas veces que has dejado de preguntarte si cuenta toda la historia?

Cuando una parte de ti se convierte en toda tu identidad

  • Una de las consecuencias más dolorosas del juicio es que puede reducir nuestra mirada.
  • Si te equivocas, ves el error.
  • Si alguien te rechaza, ves aquello que supuestamente está mal en ti.
  • Si otra persona consigue algo que deseas, ves lo que tú no tienes.
  • Si tienes miedo, ves tu inseguridad.
  •  Si estás cansada, ves tu falta de capacidad.

Mirarte así, poco a poco tu mirada se va estrechando; y aquellos aspectos que no encajan con el juicio que tienes sobre ti podrían ir quedando fuera.

¿Qué podría estar quedando fuera de tu campo de visión?

1.      Quizá no ves que también has sido valiente.

2.      Que has aprendido.

3.      Que has cuidado.

4.      Que has sostenido situaciones difíciles.

5.      Que tienes recursos.

6.      Que has pedido ayuda cuando la necesitabas.

7.      Que sigues intentando.

8.      Que tienes capacidades que quizá no reconoces.

No se trata de sustituir una visión negativa por una visión idealizada; se trata de ampliar la mirada; de llegar a ver otros aspectos de ti mismo/a al mismo tiempo.

Si amplias tu mirada tal vez llegues a apreciar que:

1.         Puedes ser vulnerable y capaz.

2.         Puedes tener miedo y avanzar.

3.         Puedes necesitar descanso y ser responsable.

4.         Puedes equivocarte y ser una persona valiosa.

5.         Puedes estar aprendiendo y seguir teniendo dignidad.

Baja autoestima: cuando el juicio empieza a hablar por ti

A veces la baja autoestima no se manifiesta como una frase consciente y llega a aparecer en la forma en que te relacionas contigo; como por ejemplo:

1.         Te comparas antes de valorar tu propio camino.

2.         Te exiges antes de preguntarte qué necesitas.

3.         Te corriges antes de escucharte.

4.         Te justificas antes de expresar un límite.

5.         Te escondes antes de descubrir e indagar ¿qué podría ocurrir si te muestras?

Y por tanto tu voz interna se ha acostumbrado a hablarte así:

1.         “Deberías hacerlo mejor.”

2.         “Deberías ser más segura.”

3.         “Deberías poder.”

4.         “Deberías saberlo.”

5.         “Deberías estar más tranquila.”

6.         “Deberías aprovechar mejor tu tiempo.”

7.         “Deberías ser una buena persona.”

Los “debería” pueden convertirse en una medida constante con la que intentamos comprobar si somos suficientemente buenas.

Y cuando tenemos pensamientos de insuficiencia, de no llegar a la medida o estándar impuesto; aparecen sensaciones en tu cuerpo de vergüenza, la culpa o el miedo.

Una pregunta para detenerte

¿Qué “debería” utilizas más contigo misma?

Y después:

¿Qué crees que dice de ti si no consigues cumplirlo?

El cuerpo puede mostrarte dónde empieza el juicio

Muchas veces el juicio aparece tan rápido que no llegamos a identificarlo.

Primero aparece una sensación:

1.  Un nudo en el estómago.

2.  Presión en el pecho.

3.  Tensión en la mandíbula.

4.  Un bloqueo.

5.  Un impulso de escapar.

6.  Una aceleración.

7.  Una sensación de vacío.

Podemos intentar eliminar esa sensación inmediatamente. Pero también podemos hacer algo diferente:

Escucharla.

Desde una mirada compasiva, el cuerpo puede convertirse en una puerta para acercarnos a nuestra experiencia; no necesitamos interpretar cada sensación.

Podemos observarla con curiosidad.

Prueba esto

Cuando aparezca una sensación intensa, detente unos instantes y pregúntate:

1.      ¿Qué siento?

2.      ¿Dónde lo siento?

3.      ¿Qué estaba ocurriendo justo antes?

4.      ¿Qué pensamiento aparece?

5.      ¿Qué estoy creyendo sobre mí?

6.      ¿Qué temo que ocurra?

Quizá descubras que detrás de una sensación corporal existe un pensamiento; y detrás del pensamiento, una creencia; y detrás de esa creencia, una historia.

De la sensación a la creencia: descubrir qué hay debajo

Imagina que antes de una reunión sientes mucha ansiedad.

1.  Tu cuerpo se activa.

2.  Tu mente dice: “Voy a hacerlo mal.”

Si seguimos indagando:

1.  ¿Qué significaría hacerlo mal? “Pensarán que no soy competente.”

2.  ¿Y si pensaran eso? “Dejarían de valorarme.”

3.  ¿Y qué significaría eso para ti? “Que no soy suficientemente buena.”

Ahora hemos llegado a algo diferente.

La ansiedad no estaba hablando solamente de una reunión.

Estaba conectada con una creencia más profunda sobre tu propio valor.

Y ahí aparece una posibilidad terapéutica:

No luchar contra la ansiedad, sino comprender qué está intentando proteger.

Quizá hay una parte de ti que aprendió hace mucho tiempo que equivocarse podía significar perder la valoración y aceptación de los demás.

1.  Quizá aprendiste que ser buena era hacerlo todo bien.

2.  Quizá mostrar vulnerabilidad significaba exponerte al rechazo.

3.  Quizá necesitabas ser fuerte para sentirte segura.

No necesitamos culpar a nadie por ello; necesitamos comprenderlo.

¿De dónde aprendimos a mirarnos con medias verdades?

Nuestra imagen de nosotras mismas se construye a lo largo de nuestra historia.

1.  A través de las experiencias que vivimos.

2.  De las palabras que escuchamos.

3.  De las expectativas que percibimos.

4.  De las comparaciones.

5.  De lo que fue valorado.

Quizá descubriste que cuando eras complaciente recibías aprobación; aprendiste a:

1.  Que cuando sacabas buenas notas eras reconocida.

2.  Que cuando no necesitabas nada eras considerada fuerte.

3.  Que cuando ayudabas a los demás eras “buena”.

4.  Que cuando no expresabas enfado eras más aceptada.

Y quizá aprendiste, sin darte cuenta, a dejar fuera algunas partes de ti, a ocultar de ti:

  1. Tu no saber algo
  2. Tu enfado
  3. Tu vulnerabilidad.  Etc…
  4. La tristeza.
  5. La rabia.
  6. La necesidad.
  7. El miedo.
  8. El deseo.
  9. El límite.
  10. La vulnerabilidad.
  11. Pero aquello que dejamos fuera no desaparece.

Puede convertirse en una parte de nosotras que después nosotros/as mismos/as juzgamos.

Cuando ser “buena” significa dejarte a ti misma en último lugar

Quizá te han enseñado que ser buena significa:

1.  Cuidar.

2.  Ayudar.

3.  Comprender.

4.  Estar disponible.

5.  No decepcionar.

6.  No molestar.

7.  No generar conflictos.

Todas estas cualidades pueden ser preciosas; más existe una diferencia entre elegir cuidar y necesitar cuidar para sentir que merecemos aceptación.

Cuando la segunda opción domina, podemos comenzar a abandonar nuestras necesidades; como:

1.  Decimos sí cuando queremos decir no.

2.  Ayudamos cuando estamos agotadas.

3.  Callamos cuando algo nos duele.

4.  Nos adaptamos cuando necesitamos poner un límite.

Y después quizá nos preguntamos:

“¿Por qué estoy tan cansada?”

Porque quizá llevamos mucho tiempo intentando ser la persona que creemos que deberíamos ser.

Una pregunta para ti

¿Qué haces para sentir que eres una “buena persona” aunque en ese momento estés yendo en contra de lo que necesitas?

El círculo de la baja autoestima: cuando la media verdad se convierte en hábito

Las medias verdades pueden alimentar un círculo que se repite; y cada vez que este ciclo se repite la creencia se fortalece; como:

“No soy capaz.” Entonces evito. Y después, “¿Ves? No soy capaz.”

El que tu evites no demuestra que la creencia sea cierta.

Solo demuestra que había miedo.

Una situación cotidiana

Quieres mostrar tu trabajo y piensas: “Hay personas mucho mejores que yo.”

No lo muestras.

Después aparece: “Sabía que no estaba preparada.”

La creencia parece confirmada.

Pero quizá nunca llegaste a descubrir qué habría ocurrido si hubieras permitido que te vieran.

Pregúntate

¿Qué estás evitando porque temes que confirme una idea negativa que tienes sobre ti?

Recuperar tu verdad no significa pensar siempre en positivo

Recuperar tu verdad no consiste en decirte:

         1.         “Soy perfecta.”

         2.         “Puedo con todo.”

         3.         “Todo me va a salir bien.”

Eso también podría convertirse en otra forma de exigencia. Recuperar tu verdad significa poder mirar la experiencia completa; es decir mirar algo así como:

Quizá…y también…

Aprender a verbalizar lo que no suelo mirar ni tampoco poder decirlo; mirar estos ejemplos donde no te quedas con la primera parte de la frase; poder decirte cosas como:

         1.         “Esto me cuesta.” Y también: “Tengo recursos para aprender.”

         2.         “Tengo miedo. “Y también: “Puedo decidir qué hacer con ese miedo.”

         3.         “Me he equivocado.” Y también: “Puedo responsabilizarme y reparar.”

         4.         “Necesito ayuda.” Y también: “Pedir ayuda forma parte de cuidarme.”

Porque contemplar toda la realidad no siempre nos va a gustar ni buscar todo el tiempo lo positivo de lo que me pasa; simplemente es dar una mirada más completa.

Aceptar que somos maravillosas y vulnerables al mismo tiempo

Tal vez una autoestima profunda no consiste en eliminar nuestras partes vulnerables; consiste en poder integrarlas. Por ejemplo, llegar a reconocernos:

         1.         Somos capaces y necesitamos.

         2.         Somos fuertes y vulnerables.

         3.         Tenemos recursos y tenemos límites.

         4.         Podemos cuidar a otros y necesitamos ser cuidadas.

         5.         Podemos avanzar y podemos detenernos.

         6.         Podemos saber y podemos no saber.

         7.         Podemos equivocarnos y seguir siendo dignas.

         8.         No tenemos que elegir una sola versión de nosotras.

Podemos ser muchas cosas a la vez.

Y quizá ahí comienza una mirada más verdadera.

¿Cómo empezar a salir del círculo?

Recuerda estos tres puntos clave:

1.  No necesitamos luchar contra el juicio. Podemos empezar a observarlo.

2.  No necesitamos expulsar las partes inseguras. Podemos acercarnos a ellas.

3.  No necesitamos obligarnos a querernos. Podemos empezar por tratarnos con respeto.

Cultiva estos valores

Hay tres valores que contribuyen a vivir una buena vida; lo he podido constatar en mi experiencia personal y profesional.

Cultívalos y hazlos parte de ti.

Humildad

Aceptar que aquello que pensamos sobre nosotras no tiene por qué ser toda la verdad.

Una creencia puede sentirse cierta y seguir siendo una interpretación.

Aceptación

Dejar de luchar contra aquello que estamos sintiendo. No significa resignarnos.

Significa poder decir:

“Esto está ocurriendo en mí ahora.”

Compasión

Mirarnos con suficiente amabilidad como para poder comprendernos y, desde ahí, responsabilizarnos y cambiar.

La compasión no elimina nuestra responsabilidad.

Elimina el castigo innecesario.

En terapia: encontrar una mirada diferente para poder acercarte un poco más a ti y verte en toda la realidad de quien eres

Hay procesos que podemos comenzar solas; como:

1.  Podemos reflexionar.

2.  Escribir.

3.  Observar nuestras emociones.

4.  Escuchar el cuerpo.

5.  Preguntarnos qué necesitamos.

Todo ello es valioso; más deciros que cuando llevamos muchos años mirándonos desde el juicio, puede ser difícil reconocer por nosotras mismas hasta qué punto nuestra mirada está condicionada por esas viejas creencias.

Por eso, el acompañamiento terapéutico puede ser tan importante.

Porque existe algo profundamente transformador en ser vista por otra persona sin tener que demostrar quién eres.

La terapia puede convertirse en un espacio donde puedas traer aquello que normalmente escondes.

  • Tu miedo.
  • Tu vergüenza.
  • Tu exigencia.
  • Tu necesidad.
  • Tu enfado.
  • Tus contradicciones.
  • Tus dudas.
  • Tus partes más vulnerables.

Y encontrarte con una mirada que no busca convertirte en otra persona; y sí ayudarte a verte con mayor claridad.

El terapeuta como espejo

Me gusta pensar en el terapeuta como una especie de espejo.

No un espejo que sabe quién eres.

No un espejo que te devuelve una imagen idealizada.

Sino un espejo que intenta estar lo suficientemente limpio como para reflejarte con la menor distorsión posible.

Por eso, el profesional también necesita revisar continuamente su propia mirada.

Sus expectativas.

Sus juicios.

Sus emociones.

Sus puntos ciegos.

Sus propias historias.

Limpiar su espejo para poder estar verdaderamente disponible para la persona que tiene delante.

Porque recibir terapia puede ser, en cierto modo, experimentar algo que quizá has necesitado durante mucho tiempo:

ser mirada en tu verdad, en tu vulnerabilidad y también en tu belleza.

1.  No solamente en aquello que haces bien.

2.  No solamente en aquello que quieres mostrar.

3.  También en aquello que todavía te cuesta aceptar.

Y quizá cuando alguien puede quedarse contigo sin rechazarte, empieza a ocurrir algo nuevo:

tú también puedes empezar a quedarte contigo.

Recuperar tu verdad es recuperar tu autoestima

Quizá la autoestima no consiste en llegar a pensar:

“Soy maravillosa.”

Quizá consiste en poder decir:

“Puedo verme completa.”

1.  Puedo reconocer mis capacidades sin negar mis límites.

2.  Puedo aceptar mi vulnerabilidad sin convertirla en un defecto.

3.  Puedo reconocer mis errores sin convertirlos en mi identidad.

4.  Puedo escuchar mis necesidades sin sentir que soy egoísta.

5.  Puedo poner límites sin dejar de ser una buena persona.

6.  Puedo necesitar ayuda sin sentirme menos.

7.  Puedo tener miedo y seguir avanzando.

8.  Puedo no saber y seguir teniendo un lugar.

9.  Puedo ser humana.

Y quizá eso sea recuperar la autoestima:

Autoestima como; dejar de mirarte únicamente desde aquello que crees que te falta y empezar a reconocerte en la totalidad de quién eres.

No necesitas construir una versión perfecta de ti. Necesitas recuperar una mirada que pueda verte entera.

1.  Con tus recursos.

2.  Con tus límites.

3.  Con tu historia.

4.  Con tus heridas.

5.  Con tus posibilidades.

6.  Con tu vulnerabilidad.

7.  Con tu belleza.

Autoestima como aquel lugar dentro de ti; donde puedes verte en todas tus partes y reconocerlas valiosas; por lo que autoestima es:

1.  Recuperar tu verdad.

2.  Recuperar tu lugar.

3.  Recupera tu autoestima.

Adelante, solo nosotros podemos responder al llamado que la vida nos invita; ¡¡de descubrir nuestra verdad y comprobar el regalo que somos!!

Un abrazo y hasta la proxima

Elaborado por

Elisa Carolina Garrido Carrión                                                                                                  

 Psicóloga General Sanitaria

   N.º Colegio; M-19713

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